El calzado barefoot o calzado minimalista está cada vez más presente entre nuestros pies. Pero, ¿de qué hablamos cuando nos referimos a este tipo de calzado? ¿Es tan recomendable como dicen? ¿Lo puede utilizar cualquiera? Vamos a intentar aclarar todas estas dudas.

El calzado barefoot se diseña con la intención de imitar la forma más natural de caminar del ser humano: caminar descalzo, alterando lo mínimo posible la biomecánica de la marcha de cada uno de nosotros, y ofreciendo una capa de protección mínima para que el terreno no resulte agresivo contra la piel. El objetivo final es permitir que la movilidad del pie sea lo más natural posible, buscando un fortalecimiento de la musculatura del pie y de la pierna, mejorando la postura y promoviendo una pisada más saludable.
¿CÓMO ES EL CALZADO BAREFOOT?
Se trata de un calzado de suela fina (entre 3-10 mm) y flexible. Éste mínimo grosor permite que el pie sienta las irregularidades del terreno en cada pisada. De esta forma, se trabaja la propiocepción (capacidad del cuerpo para percibir su movimiento y posición) de forma casi continua.
Este tipo de calzado se caracteriza por tener un drop cero, es decir, la altura del talón y la altura de la zona de los dedos es la misma. Se consigue de esta forma un menor impacto en la zona del talón y un reparto más homogéneo de las cargas en todo el pie.
La puntera del calzado barefoot (toe box) es más amplia que en el calzado tradicional, permitiendo que los dedos tengan más espacio para moverse con mayor libertad. Esta libertad de movimientos permite un mejor equilibrio y previene la aparición de lesiones como hallux valgus (juanetes) o dedos en garra o martillo.

No cuenta con arcos estructurales o sistemas de amortiguación, por lo que la musculatura del pie se ve obligada a trabajar con más intensidad y suplir esta función, ayudando a la prevención de lesiones a largo plazo.
Es un calzado especialmente ligero y flexible, que permite que el pie se mueva con total libertad.
PRECAUCIONES Y CUIDADOS EN LA TRANSICIÓN AL CALZADO BAREFOOT
Los expertos insisten, en caso de querer cambiar de calzado tradicional a barefoot, en la importancia de hacer este cambio de manera progresiva. No se debe empezar a utilizar este calzado sin hacer un periodo de adaptación en el que, de manera progresiva, se vayan aumentando las horas de uso y los diferentes terrenos, para evitar así sobrecargas o lesiones (fascitis plantar, tendinitis…)
Hay que tener en cuenta también que este tipo de calzado no es adecuado para cualquiera. Personas con problemas estructurales (pie plano) o articulares en el pie, alteraciones biomecánicas u ortopédicas deben buscar la supervisión y asesoramiento de un profesional antes de elegir este calzado.
El tipo de suela que utiliza el calzado barefoot es infinitamente más fina que el calzado tradicional. No protege de la misma forma contra piedras o clavos o en caso de superficies frías o calientes. Algunas actividades que requieran una protección extra para los pies, como carreras o senderismo por terrenos de roca o algunos deportes de contacto, pueden ser actividades en las que se recomiende más un calzado de tipo tradicional.
Algunas condiciones médicas específicas como diabetes o algún tipo de neuropatía, alteran la sensibilidad de los pies, por lo que el uso de calzado barefoot puede aumentar el riesgo de lesiones. En estos casos, es necesario consultar al médico antes de iniciarse en el calzado minimalista.
Espero haber alclaro algunas dudas. Gracias.